Country: Colombia Source: UN Office for the Coordination of Humanitarian Affairs Please refer to the attached file. Sembrar vida en medio del conflicto: una huerta, saberes ancestrales y liderazgo comunitario en Caquetá Por: Johana Botia y Andrés Torres En la vereda Nueva Colombia, municipio de Cartagena del Chairá, el conflicto armado no solo ha impuesto silencios y restricciones de movilidad; también ha dejado duelos abiertos, ausencias y vidas marcadas por la pérdida. En ese escenario de confinamiento y escasa presencia institucional, una huerta se convirtió en mucho más que un espacio para producir alimentos: se transformó en un lugar para sanar, reconstruir y resistir. Edith Gasca lo sabe bien. Ella es indígena, portadora de saberes ancestrales y una de las beneficiarias del proyecto ‘Mecanismos de respuesta rápida a población afectada por el conflicto armado en el departamento del Caquetá’, implementado por Corpomanigua a través del Fondo Humanitario Regional para America Latina y El Caribe. Cuando ingresó al proyecto, su situación era especialmente difícil: había perdido a un ser querido, hoy sigue desaparecido y, además, ella no contaba con medios para sostener a su familia. ‘Ella no tenía nada más que sus brazos cruzados’, recuerdan en la comunidad. Hoy, su huerta es una prueba viva de que la recuperación también puede brotar desde la tierra. El departamento del Caquetá continúa enfrentando graves afectaciones humanitarias, especialmente en municipios como Cartagena del Chairá y Florencia. El confinamiento, el desplazamiento forzado, las restricciones de movilidad y el acceso limitado a servicios básicos han impactado de manera sostenida la seguridad alimentaria, la protección y el acceso a agua segura. Frente a esta realidad, Corpomanigua desarrolló una respuesta integral que combinó ayuda humanitaria inmediata con acciones orientadas a fortalecer la autonomía comunitaria. El proyecto logró llegar a veredas con restricciones extremas de acceso (en muchos casos el acceso se daba únicamente por vía fluvial), articulando seguridad alimentaria, protección y agua, saneamiento e higiene (WASH), con enfoque diferencial y de género. Jessica: aprender a escuchar para sembrar valores Un componente clave de este proceso fue la dinamización comunitaria. Jessica Díaz, secretaria de la vereda Nueva Colombia, asumió el rol de dinamizadora, convirtiéndose en el puente entre las familias confinadas y el proyecto. ‘Yo aprendí a escuchar y a compartir con las demás personas mi conocimiento’, cuenta Jessica. ‘A ver las necesidades, a ayudar a informar. Esto no es solo sembrar semillas; es sembrar valores, cualidades y habilidades que teníamos guardadas y no sabíamos cómo explotar’. Su labor fue esencial para generar confianza, identificar necesidades urgentes y acompañar a las familias en medio de un contexto marcado por el miedo y la incertidumbre. La huerta de Edith: alimento, memoria y economía familiar Edith recibió orientaciones técnicas, semillas e insumos como parte del componente de jardines productivos. Sin embargo, su huerta no se limitó a replicar un modelo externo. En ella conviven los conocimientos agroecológicos promovidos por el proyecto con los saberes tradicionales indígenas que Edith ha conservado y practicado toda su vida. En su parcela crecen alimentos tradicionales de la zona como plátano y yuca, fundamentales para la dieta local, y bore, una planta local para alimentar a los animales. También produce huevos, tiene casi 120 gallinas. Además, cultiva plantas medicinales con las que prepara bebidas y tés para aliviar malestares menores, manteniendo viva la medicina tradicional. El manejo de plagas es otro ejemplo de esta integración de saberes: Edith utiliza métodos tradicionales, como el uso de cáscaras de huevo en las plantas, evitando insumos químicos y cuidando el equilibrio del suelo. La huerta no solo quedó para el autoconsumo; hoy también representa una fuente de ingresos para ella y su familia, fortaleciendo su economía y su autonomía. Resultados que se traducen en resiliencia Historias como la de Edith se multiplicaron en el territorio. Hasta el 30 de junio de 2025, el proyecto alcanzó a más de 4.000 personas en Florencia y Cartagena del Chairá. Entre los principales resultados se destacan: 93 jardines productivos implementados en Cartagena del Chairá, con más de 7.500 m² sembrados y 12 especies alimentarias de ciclo corto. 384 personas apoyadas con insumos para producción de alimentos y 100 personas formadas en técnicas agroecológicas. 3.500 raciones alimentarias entregadas a 1.500 personas en contextos de confinamiento y desplazamiento. Acceso a agua segura para más de 1.100 personas, mediante la entrega de tanques y filtros. Acciones de protección, salud mental y fortalecimiento de liderazgos comunitarios, con especial énfasis en mujeres, niñas y adolescentes. Sembrar hoy para sostener la vida mañana La huerta de Edith no borra el dolor de la pérdida ni las heridas del conflicto, pero sí demuestra que, incluso en medio de la adversidad, es posible reconstruir la vida desde lo cotidiano. Gracias al liderazgo de personas como Jessica y al reconocimiento de los saberes tradicionales, el proyecto no solo entregó ayuda: fortaleció capacidades, dignidad y esperanza. En Caquetá, cada huerta es un acto de resiliencia. Y cada semilla sembrada, en la tierra y en las personas, es una apuesta por la vida, hoy y mañana.